lunes, 24 de enero de 2011

Del teletipo a internet, una evolución a favor de la investigación y desarrollo

En los años 1950-60 los científicos disponían como única fuente de información los libros y las revistas impresas de la biblioteca de su universidad o de su centro de investigación. Era una época en la que se notaban todavía las secuelas de la 2ª Guerra Mundial. Estaba yo entonces estudiando Ciencias Químicas en la Universidad de Lovaina (KU Leuven), terminando mis estudios casi a finales de 1959 con el doctorado en el Laboratorio de Cinética Química del Profesor J.C. Jungers, que también era asesor científico del Instituto Francés del Petróleo, uno de los mayores centros de investigación de Europa y del mundo. Un paso lógico siguiente para iniciar mi carrera profesional fue la ciencia aplicada (o mejor dicho, la aplicación de la ciencia) en la empresa privada.

Planta Piloto de LABOFINA


Trabajé durante una década, la de los 1960, como investigador en LABOFINA S.A. (*), el Centro de Investigación del Grupo Petrofina, en Bruselas, primero como responsable del laboratorio de las técnicas de separación y posteriormente también de la planta piloto de reformado catalítico y de hidrotratamiento de fracciones petrolíferas. Allí pude cumplir lo que es el sueño de cualquier equipo de investigadores: la materialización de un proyecto de investigación en una aplicación industrial. Se trataba en este caso un proceso de refino de disolventes y combustibles petrolíferos de aviación para mejorar su calidad mediante la reducción por hidrogenación catalítica de los compuestos aromáticos y la eliminación casi completa del azufre. El proceso se comercializó bajo el nombre AROFINING y tuvo su primera aplicación en una unidad construida en la Lindsey Oil Refinery cerca de Grimsby en Gran Bretaña. Prestábamos asistencia a su puesta en servicio en febrero de 1971 y participábamos en los “test runs” o ensayos de prueba. Fueron exitosos.

En la época del desarrollo del proceso, no había ordenadores personales, ni programas de hojas de cálculo como Excel, obviamente. Ni tenía calculadora electrónica de bolsillo, sí una regla de cálculo marca Castell (con logaritmos y exponentes) para cálculos aproximados. La tengo todavía pero hace muchos años que ya no se usan. Los cálculos para estudiar los parámetros del proceso y para establecer las condiciones operativas de la unidad con la ayuda de los resultados en planta piloto se hicieron con un programa en Basic elaborado por uno mismo. La instalación del programa y los inputs de los cálculos se hicieron en un ordenador externo de Bull con el que se comunicaba por teletipo, introduciendo la información con una cinta perforada. No siendo informático profesional, el haber trabajado con Basic me ha servido mucho años después para el aprendizaje de la informática personal “de usuario”. Los aparatos de análisis (Cromatógrafos y espectrómetros) tampoco tenían hardware ni software informático. No se disponía de “memoria virtual”. Había que guardar en carpetas los gráficos en registros de papel. Para guardar y seleccionar los resultados de los análisis por espectrografía de infrarrojos, el Centro disponía de una máquina sorteadora IBM de tarjetas perforadas. A pesar de estas limitaciones, los resultados de la planta industrial se correspondían satisfactoriamente con los de la planta piloto y con los cálculos.

Espectrógrafo de absorción de infrarrojos con máquina sorteadora IBM

Se había solicitado la inscripción de varias patentes relativas al proceso y del catalizador en el Registro de Patentes de los EEUU. Una de ellas, de la que yo era coautor, se solicitó en Febrero de 1971 con el nombre Process for the Purification of Light Paraffinic Petroleum Distillates”, y fue expedientada en Octubre de 1971, pocos días después de haberme marchado de la empresa para trasladarme a Madrid con mi familia, e incorporarme en Refinería de Petróleos del Norte, Petronor, para colaborar en el equipo que preparaba la puesta en marcha inicial de la nueva Refinería de Somorrostro en Vizcaya, y posteriormente en la primavera de 1972 en la propia refinería para hacerme cargo del Departamento de Servicios Técnicos, que tenía que prestar asistencia a la puesta en servicio de las unidades de procesos. En la oficina de Madrid teníamos una calculadora electrónica que sabía sumar, restar, multiplicar y dividir, del tamaño físico de una CPU actual de muchos “Gigas”.

La inscripción definitiva de la citada patente en el registro tuvo lugar el 6 de Agosto de 1974. Me lo comunicó la Dirección de Labofina por carta, solicitándome la cesión de mis derechos a la empresa, conforme a lo que estipulaba mi contrato de trabajo. Recibí un dólar por la cesión. Me arrepiento no haberlo guardado como “souvenir”. Por consiguiente no tuve nunca copia del documento de la patente, hasta que hace pocos días, 36 años después, se me ocurrió teclear el nombre de la patente en el buscador de Google, y en cuestión de segundos apareció, como primero de los resultados de búsqueda, la patente en la página web “Freepatentsonline – all the inventions of mankind”.

Esto no era posible hace treinta y tantos años. ¡Qué maravilla! ¡Qué suerte tienen los investigadores de hoy de disponer de herramientas como los microprocesadores y una red global de información a la que tienen acceso desde su despacho! La investigación hoy ya no tiene fronteras…

(*) Poco tiempo después de marcharme, el Centro de Investigación se trasladó a Feluy, al sur de Bruselas, en el complejo petroquímico del Grupo Petrofina. En 1999 el Grupo Petrofina se fusionó con CFP Total, y el año siguiente TotalFina se fusionó con Elf para formar el Grupo TotalFinaElf. El nombre actual del Grupo es Total.

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